Dark Heresy: El camino a la Ascensión

Solomon

Reseña escrita por Jez'

Es difícil de describir el orden de los eventos que están tomando lugar, piezas de rompecabezas que embonan perfectamente, caminos largos que de pronto se encuentran, coincidencia, destino, ¿cómo describir tan enfermiza sincronía?
Por miles de años he observado la gran obra que es la realidad y los personajes que participan en ella. Pero solo hasta ahora, todo se ha resumido a escasos puntos clave. Siempre el destino de esta raza ignorante y orgullosa ha tenido múltiples oportunidades, ilimitadas opciones; no siempre han escogido la correcta, pero por ahora están vivos. Ya no mas. Todo se resume a unos días, unas cuantas palabras, setimientos y acciones de un pequeño grupo.
Esto comenzó hace un año… no… tal vez desde antes cuando un joven tecnosacerdote dejó su planeta natal para continuar su búsqueda por la iluminación, o cuando una psyker renació a su nueva vida cegada de su pasado, o el momento en que la muerte de sus compañeros se convirtió en el yugo de un hombre, o cuando una joven guerrera sobrevivió victoriosa a la masacre a su alrededor, o podría ser cuando una madre jaló el gatillo negando su misma existencia y la su hijo. Quien sabe… tal vez incluso fue mucho antes de eso.
Cualquiera habría pensado que los eventos sucedidos hace un mes, se convertirían en malas memorias para estos hombres; que el problema se convertiría en el de otros. Pero lo sucedido en las minas de Soryth fue solo la primera revelación de un plan que se lleva a cabo desde antes incluso de que Horst viera el potencial en ellos.
Su vida ya estaba marcada. Siempre hubo una mano guiándolos y protegiéndolos; algunos creyeron que fue la mano del Emperador, lejos de la verdad. Fueron elegidos por el bien y el mal, por el orden y por el caos, ahora estaba en sus manos escoger que voz escuchar.
Por más que intentaron alejarse del pasado, retomando su vida como fieles servidores del Inquisidor, el destino los guió… No, los obligó a reencontrarse con sus errores.
Desconfiados de las palabras del Inquisidor Soldevan, no tuvieron opción más que dirigirse a Solomon a tomar parte en una subasta de artículos, propiedad del comerciante Harlock, para revelar a los herejes en ella. El camino al primer puerto no tuvo contratiempos como ellos preveían. Con lo que no contaban, era con que las pruebas que habían preparado para demostrar su inocencia fueron corruptas.
Ingeniosamente habían grabado su conversación con Soldevan para hacerle saber a Horst que se encontraban entre la espada y la pared; pero la grabación solo mostraría estática. Los mensajes fueron enviados con su fe y su vida en ellos, solo el tiempo dirá si de algo valió la pena.
Abordaron la nave que los llevaría al lugar de la subasta, ahí encontrarían grupos de gente tan distinta: Octavian, una mujer de tintes nobles en búsqueda de artículos cuyos nombres ni siquiera deberían ser mencionados; un clérigo, errado en su camino, ciego por el orgullo; mercenarios en búsqueda de una cabeza por la cual cobrar su cuota; exploradores cuya curiosidad los condenaría; y por último, Kreven.
La pesadilla se revivía en sus corazones al descubrir que el minero corrupto y sus seguidores se encontraban en la nave en la que viajarían por más de un día. Más el hombre les hizo la promesa de no atacarlos, con la condición que ellos no se entrometieran en sus asuntos; compromiso que sería muy difícil de aceptar y de cumplir
En escasas horas, la rivalidad entre el clérigo y Kreven fue más evidente. Pero esta enemistad no era la única que comprometería los actos a seguir. La semilla de la discordia hace tiempo había sido plantada y brotado entre Abelaira y Lancaster, ahora esta florecía con suma intensidad y las raíces ya habían alcanzado a los demás.
Durante la cena, Kreven enfrentó al clérigo en una discusión que terminaría en un mortal enfrentamiento. Jezail trató de proteger al hombre, acto que fue perdonado por Kreven bajo la palabra de que el no buscaba su destrucción, sino un acuerdo que prometía iluminación y gloria.
Wolfe, ganó la gracia del capitán al tratar las heridas inexistentes Kreven. El hombre se quedó en el puerto, esperando el regreso del grupo.
Al entrar a la Casa de Polvo y Ceniza, quedaron impactados por no mencionar horrorizados al ver que uno de los más valiosos tesoros de Harlock era un titán justo en la ante sala. El lugar era un gran laberinto lleno de misterio y la sombra de la muerte en cada callejón y pasadizo. Los sirvientes, continuamente lloraban a las almas que ya hacía tiempo había dejado este mundo.
Al ser separados, en las distintas habitaciones, Lancaster continuó un camino vacio para explorar sus posibilidades. Mithra hizo lo mismo, tomando el camino de los miembros del clan en el cual encontró donde residían los restos de los Harlock junto con sus pertenencias. Sethur dio aviso de la distribución de los seguidores de Kreven el cual se encontraba sin guardias.
A la larga Lancaster perdió el rumbo ya que a su perspectiva, los caminos mutaban constantemente al igual que en Soryth. En su perdición observó al líder del clan, Grill, un hombre de aspecto casi espectral, hablando con Kreven. Fue entonces que una visión de Dante apareció frente a él.
Los acólitos continuaron su búsqueda, la de algunos fue más fructífera que otros. La psyker acompañó a los exploradores a la biblioteca y gracias a los conocimientos de su acompañante aprendió que Harlock estaba en busca de su descendencia para destruirla, razón por la que probablemente, la subasta era realizada.
Aun ignorantes del paradero de Lancaster, sus caminos se cruzaron nuevamente con Kreven quien dialogaba con el Capitán Rubio y Nonezuk (¿?). El segundo inmediatamente externo su interés en la fe de los adeptus mechanicus. Y Al regreso de Lancaster, explicó los extraños sucesos que experimentó y más alarmante aún, el aire de acoso que provenía de Nonezuk.
Después de la cena Abelaira enfrentó a su enemigo a solas. Kreven le explicó sus motivos y razones por las cuales se había convertido en el protector de sus rivales. El clérigo en la nave había sido cegado por el mismo ente que habían enfrentado en Iocanthos. Y más alarmante aún, que el arquitecto del destino, quién los había perseguido en Acreage, fue quién los había protegido.
Al saber esto, Biomachina externó su preocupación. Horst ya había comentado como él había visto una luz en ellos, algo que lo llevo a elegirlos como sus acólitos. ¿Era esta misma luz, la que había guiado a sus enemigos a buscar su lealtad? ¿Era posible torcer ese faro de esperanza en una forma aberrante? ¿Llegarían a caer? ¿Cuáles serían las consecuencias?
A la mañana siguiente cuando la subasta habría de tomar lugar, cada uno notó lo que sus acompañantes admiraban más. Octavian miró con suma fijación un libro carente de sentido y demostró nerviosismo al saber que era notada. Kreven, por otro lado miraba un jarrón que contenía una muñeca, artículo que a simple vista parecería inofensivo. Y fue entonces que la vieron, la estatua que el clérigo tan fervientemente buscaba. Era la figura de una mujer cuya mano sostenía una copa y con la otra un juego de cartas.
Grill insistió en demostrar el potencial del artículo, a lo que el administrador presente accedió. La mujer respondía pregunta tras pregunta de manera siniestra y amenazante hasta que por fin, la pregunta correcta le fue hecha.
¿Harlock sigue con vida?
Así es, y como ya era sospechado, seguía en búsqueda de su único descendiente. La estatua condenó a los ladrones que trataron de robar los tesoros de Harlock; más la oportunidad de vivir les fue dada. A cambio, la sangre del descendiente debía ser derramada en la copa en menos de 13 horas.
Los sirvientes del clan atacaron a los presentes, por lo que los enemigos de los acólitos enfrentaron, mostrando su verdadera forma y color. Kreven destruyó sin pestañear a un gran grupo de los atacantes, mientras Nonezuk respondió corriendo a una velocidad impresionante, más sus acompañantes se quedaron atrás. Estos eran xenos, muy parecidos a los encontrados en Scintilla, ¿es esta otra conexión en esta basto lienzo? Ya eran muchos los enemigos que buscaban su destrucción, muchos más eran los rivales que buscaban su alianza.
Al terminar la batalla una duda invadió sus corazones. Una pregunta mucho más difícil de responder que la incógnita de cómo sobrevivirían al venidero bombardeo más amenazante con cada segundo que pasaba. ¿Qué hacer con la herejía frente a ellos? No podían dejar que nadie, mucho menos Kreven se llevaran lo que buscaban, pero tampoco podían encasquetarse en un enfrentamiento que seguramente perderían.
Y es entonces que todo se reduce a esa respuesta, esa acción, esas limitadas opciones de las que hablo. Es aterrador como una secuencia de decisiones acaba en una incógnita que sobrepasa a los actores de esta obra a punto de terminar. Pero es aun más atemorizante pensar que este grupo de cinco personas, sigue sin entender la magnitud de sus actos.
Por mi parte, solo puedo observar.

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richterbrahe

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