Han Stanley Doronick

Investigador Privado

Description:

_ Sybellis, Scintilla. 22:47 tiempo estandar._

Entre los mal iluminados pasillos de la colmena media, la gente se retira hacia sus cubiculos, llamandos “casas”. La chusma camina indiferente despues de otro aburrido y pesado día de trabajo. Cualquier extranjero se sofocaría al ver el mar de apáticos cuerpos moverse en caóticas corrientes, más para un sybellita es un respiro de tranquilidad tener tanto espacio para si mismos. Claro, lo disfrutarían si no estuvieran tan ausentes. Para un scintilliano solo hay dos grados en intensidad de tráfico: Conjestionado y Muy Conjestionado. Las horas de madrugada, en que verdaderamente los pasillos se encuentran libres, no hay un alma que se atreva a transitar las calles. La gente teme a los peligros de la noche, pues saben que sus gritos de ayuda llegarían a oidos sordos. Encontrarse con sanguinarios criminales es el menor de sus temores. Incluso los pocos pandilleros nocturnos se mueven muy juntos, y poco temen el cruzar territorios con sus enemigos. En la podrida megalópolis de Scintilla, el peor miedo que asecha en la noche es la abrumadora soledad.

Mientras avanza la tarde, el monumental mar de gente se disipa poco a poco. Mentras baja la marea, es mas facil notar los jadeos de un tipo bajo y obeso, que perdía el aliento al intentar correr. Lleva un traje barato de fibras sintéticas, ya algo gastado y evidentemente pensado para un hombre de menor volumen. Se mueve con dificultad, y enormes gotas de sudor caen por su frente, más los apáticos scintillainos jamás notaron que aquel sudor era de miedo y no de cansancio. En su pesado andar tropezó con un varias personas, quitándolas de un empujón. “¡Quitate imbecil!”, llegó a gritarle a uno de ellos. Cosa normal en la colmena.

Solo le faltaban algunos pasillos, y habría salido de su territorio. No le faltaba mucho, y estaría a salvo por esa noche.

- ¿Ejercicio vespertino, Johnny? -. Un tipo ya maduro salió a su encuentro. Tranquilamente se puso en el camino del tipo gordo. Llevaba un traje caro y dos anillos de oro de muy mal gusto. Se quitó sarcásticamente el sombrero, mostrando su escaza cabellera pintada de negro, y su rostro estirado por las pobres cirugías estéticas. – Espero no te moleste si mis chicos y yo te acompañamos -. Al sonreir mostró su reluciente diente de oro, del que parecía estar orgulloso.

Tres enormes rufianes salieron de entre las sombras. Si algún cuerpo policiaco los atrapase alguna vez, dudarían si encerrarlos en una prisión o en un zoológico. No sería la primera vez que los atraparan, ni la primera vez que se equivocaran de jaula.

- ¡Chuck!, qué agradable sorpresa – . Dijo Johnny fingiendo cordialidad lo mejor que podía, que no era mucho. Sabiendose atrapado, no tuvo otra alternativa mentir un poco más. – Justo ahora iba a buscarte._

- Espero tengas los tronos que me debes, Johnny. Llevas ya tres meses sin pagarme. Soy un hombre muy paciente, pero tu sabes: ¿luego qué dirá la gente? Tengo una reputación que mantener, sabes.- Tenía muy bien ensayada su mueca de sonrisa. No para que pareciera sincera, sino para mostrar su querido diente de oro a todos los presentes.

- No tengo el dinero Chuck, pero precisamente hoy me llegó algo que puede saldar las deudas y conservar nuestra amistad-. El gordo Johnny suspiró de tristeza, entre sus jadeos. En efecto había conseguido una bella piedra preciosa de uno de sus proveedores. La había conseguido casi regalada, y sabía que valdría lo suficiente para sacarlo de esa infernal colmenta en un viaje espacial, fuera del alcance de sus deudas. Trístemente, lo habían atrapado, y tendría que entregar esa gema para salvar su pellejo. Solo el dios-emperador sabrá a cuantos más le debía dinero el Gordo Johnny. – He conseguido una gema que tiene un valor de más de veinti… -

El Gordo Johnny se quedó helado al sentir su bolsillo vació. Tanteó los tantos bolsillos de su traje y sus pantalones. Nada. Cómo pudo perderlo!

- No me gustan las excusas, Johnny- dijo Chuck con una estudiada calma. – Entenderás que me estas haciendo mala fama, y eso no es bueno para mis prestigiosas relaciones con la gente de la alta. No me queda otra opción… – dijo sonriendo, esta vez de verdad – ...que me sirvas como un ejemplo.

Las pocas personas que aún transitaban los pasillos entraron a sus casas con premura cuando sonaron los gritos del Gordo Johnny. El sonido viajó por millas, más no encontró un solo oido que le prestase atención.

A algunos pasillos de distancia, un tipo caminaba entre las sombras, inusualmente despreocupado. En la pobre iluminación de aquellos callejones, es imposible ver bien su rostro. Estatura media, complexión media, ropa vieja y común. Podría ser cualquiera.

- Bonita piedra- dijo Doronick. – Al parecer, no soy yo el imbecil, despues de todo. -

Así se marchó aque tipo cualquiera, caminando apáticamente mientras el ruido de sus pasos era opacado por unos gritos al fondo.

Bio:

Han Stanley Doronick

Dark Heresy: El camino a la Ascensión data