La Divina Misericordia (Prólogo I)

Recuerdo una época corta en la que comenzaba a creer en la bondad y la esperanza. Un tiempo en el que todo prometía un desenlace favorecedor. Un efímero suspiro en el que creí que al final de mis días vería la paz en Calixis… Ahora mis párpados están ennegrecidos por las innumerables noches en vela, mi figura es cadavérica como la del hombre que amé al final de sus días y mi pelo comienza a tornarse gris. Pero no es de sorprenderse tan terrible estado de mi cuerpo, después de ver tanto mal e inmundicia. Mis ojos están cansados de observar lo torcida que es el alma de los hombres y mi lengua harta de comer de la tierra por dónde los demonios danzan en regocijo. Y aunque lo he dado todo por tal de extinguir su maldad, de nada ha servido…


“¿Estás lista?” Preguntó Lancaster con una sonrisa visible en la boca.

“Tenemos años de conocernos, bien has de saber que nunca lo estoy.” Respondió la mujer seria pero con un tono amable, esta era ayudada por un joven a ponerse la armadura sobre su ropa. Con ella se veía algo más grande y robusta, la cual era una buen ilusión dado que desde hace tanto su cuerpo había mellado por la falta de alimento y sueño recurrente.

“Listo, mi señora.”

“Gracias, Adrien.” La interrogadora Sethur Biomachina dio unos pasos hacía el espejo que se encontraba frente a ella y deslizó su mano sobre él. “Tu mereces más este honor que yo.”

“Igual considero que mereces convertirte en Inquisitriz, Sethur.” Dijo Lancaster. “Tal vez algún día alguien dará su consentimiento para volverme Inquisidor. Pero si Horst no lo ha considerado aun, es porque no es el momento.”

“¿Quién… quién crees que me haya sugerido, Lancaster? No conozco muchos Inquisidores, y muchos de mis años me los pasé en exilio en busca de corrupción. Si no fue Horst, ni Bremmeck, ¿quién fue?”

“No lo sé. Pero estoy seguro que quien haya sido te conoce bien y sabe que harás un gran trabajo.” El interrogador puso la mano sobre su hombro. “Ya es hora.”

Los tres caminaron por un largo pasillo, Adrien, el adepto caminó detrás de ellos respetuosamente. Lancaster, conforme se fueron acercando a la Sala Mayor comenzó a alentar el paso dejando a Sethur unos cuantos metros adelante. Al abrirse la puerta de la gran sala, la mujer miró el esplendor de las marcas y pinturas en las paredes y techo del lugar. Este tenía forma de hexágono y cada dos paredes tenía imágenes representativas de las Ordos.

Las que se encontraban frente a ella, detrás del estrado eran las de la Ordo Malleus. La imagen mostraba a un Inquisidor y detrás de él su cadre y un grupo de caballeros grises peleando valerosamente. Él peleaba contra un demonio mayor de Khorne, impalando con su espada a la terrible creatura del inmaterio. Ella miró fijamente el arma y justo en el momento un terrible aleteo se escuchó en su cabeza obligándola a cerrar los ojos con fuerza y detener su camino por unos instantes.

Uno de los Inquisidores más templados por la edad se levantó en el momento que ella llegó al centro de la sala. Todas las voces y murmullos en aquel momento se acallaron hundiendo el lugar en un sepulcral silencio. Entonces elevó sus manos y comenzó a recitar a gran voz.

“Et erunt Mihi malleum, gladius Mea manu, manicae Mea pugno, pestis Mei inimici, et mala insidiis. Cum aliis non poteststare iuxta eos, pugnabit. Una summs intrabit acies, pro eis ego committo dispensatione per portas inferni.”
They shall be My Hammer, the sword in My hand, the gauntlet about My fist, the bane of My foes and woes of the treacherous. When no others may stand beside them, they shall fight.
Only the greatest shall enter their ranks, for unto them do I entrust stewardship over the Gates of Hell.


Sethur sintió entonces una fuerza oprimiendo su pecho y la mirada de miles de ojos. Dejó salir un suspiro y agachó la cabeza cuando otro Inquisidor se acercó con una espada de poder grabada con el símbolo de la Inquisición. Ella tomó el arma entre sus manos y volteó ver a todos en la Sala, Bremmeck se encontraba en uno de los asientos de la esquina de los palcos de arriba, cruzado de brazos con el ceño fruncido, Lancaster asintió en aprobación, y Adrien no pudo esconder la felicidad en su corazón al ver a la interrogadora tomar la Roseta Inquisitorial.

Al mirar al chico, Sethur recordó su prueba para interrogadora, años antes que la sonrisa desapareciera de su rostro completamente.

*

“¿Nerviosa?” Preguntó el árbitro con una sonrisa en la boca, el resto de su cara se encontraba cubierta por su casco lo cual era usual del hombre.

“No tienes idea… Horst siempre dijo que le dolía cada vez que uno de sus acólitos tenía que pasar por esto y mira como terminó Isaiah, digo, el Inquisidor Bremmeck. Si eso es preocupación no quiero saber con qué es lo que Bremmeck nos va a poner a lidiar.” Respondió la mujer.

“Bueno, Bremmeck es un inquisidor novato, probablemente sea suave con nosotros.”

“¿Tú crees?”

“No realmente.” Sonrió un poco mientras la hija del vacío lo veía con desaprobación. “Aun así, no creo que tengamos de que preocuparnos… después de todo… hemos sobrevivido a tanto.”

Súbitamente la puerta de la sala se abrió y prontamente salió un adepto quien empezó a empujar a los acólitos adentro. Ahí encontraron no solo al Inquisidor Bremmeck sino también a otra figura no tan familiar. El hombre vestía con ropajes algo extraños, sobre todo por la cantidad de tela y listones que colgaban de su armadura y que cubrían su cabeza.

“Acólitos, les presento al Mercader Errante Ziel Valgar.” Ambos agacharon la cabeza y el hombre que aparentaba algo de ascendencia feral soltó una exhalación de desprecio hacía sus maneras.

“¿Son estos sus muchachos, Bremmeck? Ni siquiera tienen presencia.”

“No se deje engañar, Valgar.” El mercader se acercó y observó a cada uno de ellos. Después de algo de inspección su mirada denotó aprobación hacía Isaac Lancaster, pero al dirigirse a Sethur este levantó una ceja y observó con más cautela a la acólita.

“¿Steel?”

“¿Disculpe?” Ella disimuló poca familiaridad con el apellido.

“¿Tu apellido es Steel no es así?”

“No señor, es Biomachina.” Respondió.

“Hmm… Los hijos del vacío son todos iguales.” Refunfuñó.

“¿Algún problema, mercader?” Preguntó Bremmeck.

“No, solo me pareció algo familiar. Solía intentar cortejar a una mercader llamada… Bueno, eso no tiene importancia. En todo caso, ¿Quién es el que ha de buscar mi nave? El hombre supongo.”

“De hecho no, Sethur Biomachina es la más calificada.”

“Debe estar bromeando. No sobreviviría ni un segundo contra los hombres de Rathbone. Tendrá suerte si la mantienen con vida para que les sirve de cocinera y de esclava se…”

“Confíe en mi, Valgar.” Interrumpió el Inquisidor. “Le aseguro que Rathbone caerá sin siquiera haberla visto u oído. Ahora si nos disculpa, tengo que hablar de algunas cosas con los acólitos.” El mercader no dijo más palabra y salió de la sala.

“¿Este mercader tiene que ver con nuestras pruebas?” Preguntó Isaac una vez que la puerta se cerró.

“No la tuya, Lancaster, es la de Sethur.” Le dio a la mujer una pizarra de datos, en su interfase solo se encontraba la típica imagen obscura con el símbolo del Aquila, una imagen de una nave al borde de la inutilidad y solo unos cuantos números verdes.

“¿Coordenadas?”

“Así es, esas son las coordenadas en las que la nave principal de Valgar fue robada. Un mercenario atacó su nave hace unos meses y huyó con ella y más de la mitad de los pasajeros. Por supuesto el comerciante tiene tecnología para saber el paradero de todas sus naves y vehículos pero esta desapareció completamente, seguramente fue obra del inmaterio. Tu trabajo es buscar la nave y traerla de vuelta.” Lancaster miró de reojo la pizarra y luego miró a Bremmeck.

“¿Esa es su prueba?”

“Así es.”

“¿En verdad? Inquisidor, no tiene que ser tan suave con ella solo por ser mujer.”

“Y no lo soy Isaac, esta prueba es perfecta para reconocer los límites de Biomachina incluso en su aparente simpleza. No creo que necesite mencionar que hay una posibilidad que en la nave encuentren influencias del inmaterio o incluso xeno, después de tanto estar a la deriva. Esto podría ser cuestión de simple matemática o vil suicidio.”

“Viéndolo de esa manera…” Lancaster le dio una palmada a la asesina. “¿Qué hay de mi misión?”

A partir de ese momento, Sethur dejó de escuchar la conversación de los dos hombres y comenzó a calcular el posible rumbo de la nave, tomando en cuenta algún posible salto al inmaterio, su memoria no era buena, pero afortunadamente ella recordaba algo de lo que investigó cuando en el funeral de su padre, su hermana le había reveló que estúpidamente había decidido continuar su rumbo hacía el punto donde fue vista por última vez la flota de Hecathon.

Al menos ya sabía por dónde empezar pero entonces en su cabeza apareció el temor al recordar los sucesos en la Casa de Polvo y Ceniza en dónde casi había sido devorada por un xeno. Irónicamente, lo que menos le preocupaban eran los piratas y los demonios. Tal vez después de todo, la estupidez viene de familia.

Por algunos días se quedó en La Espada del Emperador, pero cuando llegó un momento en que sus suposiciones debían de ser confirmadas por más reciente información, se dirigió no a Koronus, ya que era obvio que la nave no se encontraría ahí, sino en el Despertar de Hassiod, en Hazeroth a dónde sus pistas la habían guiado y los avistamientos de una nave cercana a la descripción había sido vista.

Estaba a punto de dejar el lugar en la misma nave que dejaba a los acólitos en sus planetas de origen cuando les llegaba su tiempo de descansar, pero Bremmeck la detuvo.

“No me digas que te vas a dar por vencida, Biomachina.”

“Por supuesto que no, Inquisidor. ¿Por qué lo pregunta?”

“Pensé que te llevarías la Spes Catafracta en tu viaje.”

“Considerando que todavía le debo dos naves de cuando aún era interrogador, prefiero no arriesgarme a deberle una tercera.” El Inquisidor sonrió.

“Técnicamente esta nave es de la Malleus Confectoris, Horst se las dio a ustedes.”

“Aun así, odiaría que no estuviese cuando los demás vuelvan, sobre todo Drake que trabajó tan duro en ella.” Ambos miraron la nave con algo de nostalgia.

“Dudo que Drake quisiese que su nave ganara oxido y polvo en su ausencia. Llévatela.” Le dio una palmada a Biomachina, así notó que ella se puso más seria de lo usual. “¿Los extrañas?”

“¿Disculpe?”

“¿Extrañas a la Malleus Confectoris?”

“Extraño no tener que ser responsable de Lancaster.” Trató de sonreír pero no logró engañar al hombre.

“Estarán bien… Su fe es grande.”

“El no cree lo mismo, es como si ellos jamás hubieran sido sus aliados. Que rápido olvidó sus amistades, solo reza por Mithra quién sigue luchando, pero desconfía de Drake y Jezail.” Justo al mencionar a la psyker, Bremmeck frunció.

“Bueno… Lancaster puede ser duro juzgando, pero nunca dudes que lo hace con buena intención.”

“Supongo…” Suspiró. “Es mejor que me vaya.”

“Ten sumo cuidado, Biomachina.” El Inquisidor se dio la vuelta y sin mirar atrás volvió a hablar. “Ni creas que la muerte te va a librar de pagarme mis naves.” Sethur sacudió la cabeza con una pequeña sonrisa en la boca y abordó la Spes Catafracta.

Se llevó algunos mapas, una pizarra, comida suficiente para llegar Iocanthos, su primera escala, su rifle y dos armas más. De haber podido, habría visitado antes a Hotchner, pero no se encontraba en la galaxia en ese momento. Así partió sin más ya que algo le decía que sus miedos eran infundados y que pronto se volvería a ver con su amigo de la infancia.

De acuerdo a sus estudios, la nave había sido tomada cerca del límite con Koronus cuando el comerciante Valgar se disponía a volver a Calixis con mercancía. Y considerando los rumores de que el Pirata Rathbone tenía su escondite más cercano en Inquity, era muy probable que este tuviese que haber tomado un atajo por el inmaterio, el cual según ella había leído, era uno de los más usados por los mercaderes, pero de vez en cuando, las cosas podían no llegar a resultar como lo planeado.

Considerando la corriente de dicho camino era posible volver no solo a Calixis, sino llegar casi a su extremo opuesto. Esta subvía no era muy usada ya que ningún piloto ni navegador experimentado podría domar aquellas corrientes tan caóticas. Algunos lo habían intentado y fallado rotundamente.

Considerando los avistamientos de una nave extraña en Hazeroth era muy probable que su teoría fuera cierta. Una vez considerándolo con más calma y de camino a Regulus, Biomachina notó que su investigación estaba basada más en corazonada que en información. Después de todo, ¿no habría sido mejor ir a Koronus a investigar antes que tomar la primera nave al extremo opuesto? Ya no tenía otra opción que continuar hasta El Despertar de Hassiod dónde se supone había sido vista cerca por una nave que transportaba alimento.

Una vez en el lugar, la acólita comenzó a indagar de las apariciones, las cuales la guiaron al Purgatorio de Soubirous un planeta minero. Prontamente recordó Soryth y sus minas, lo cual provocó que un calofrío corriera por su espina. En momentos como ese solo era necesario un suspiro y pensar en Hotchner, su hijo y en la Inquisitriz Adjorin para darle fuerza para continuar. Solo el Emperador sabía que sucedería una vez que ya no los tuviese más. En el fondo ella sabía que lo poco de nobleza, valentía y pureza que pudiese tener vendría de los recuerdos de los últimos y del amor del piloto de la Mortuus Clamo, si algo llegase a pasarle, seguramente volvería a ser un cuerpo sin alma como cuando murió su hijo.

La aparición más reciente había sido en la atmosfera del planeta minero, pero lo interesante era que esta no llegó flotando o siendo navegada, en realidad había dado un salto en el inmaterio y reaparecido al norte. Sin dudar más se dirigió al planeta antes que la nave llegase a dar otro misterioso salto.

Al acercarse al Purgatorio de Soubirous prontamente notó la nave a la deriva. Era extraña ya que pedazos parecían ser muy nuevos, mientras otros muy viejos, no como en la nave donde encontraron a la inquisitriz, dónde el paso de la edad era muy uniforme. Con la Spes Catafracta dio algunas vueltas antes de estacionar la nave en el hangar, el cual estaba completamente abierto a merced del vacío.

Se puso su traje y procedió a continuar con la pizarra y sus armas. El lugar estaba extrañamente tibio, como si los aparatos de control ambiental estuviesen encendidos. Durante varios minutos no se observaba nada extraño, solo los materiales de edad tan diversas, fuera de ahí no había rasgaduras, ni pistas de violencia, o fundiciones de hierro como en la nave anterior. Eso la alentó un poco, pero le desconcertaba no haber visto los cadáveres de los antiguos habitantes de la nave o de los piratas que la tomaron.

Continuó por media hora más y por fin encontró rastros de lucha, probablemente los atacantes habían entrado a la nave sin ser vistos, y por ello la lucha se encontraba más al centro del transporte. No había tantos cuerpos, tampoco tanta ceniza que pudiese significar que los cuerpos fueron afectados por el tiempo. Pensó que los hombres de Valgar pudiesen haber sido apresados en lugar de asesinados.

No esperando encontrarlos con vida continuó buscando la cabina para tratar de hacer funcionar la nave, al menos para moverla al planeta minero y evitar que volviera a dar otro salto imprevisto. Los planos de la nave eran distintos de los que venían en su tableta ya que algunos túneles se había colapsado mientras otros caminos nuevos parecían haberse construido de improviso. De pronto escuchó murmullos detrás de una puerta metálica. No era muy grande así que intentó abrirla pero estaba cerrada. Las voces se acallaron, parecían humanas, por lo que Sethur se arriesgó a tocar la puerta. Después de unos cuantos golpes esta se abrió súbitamente y un brazo la tomó de sus ropas y la jaló hacía adentro sin que ella tuviese incluso tiempo de reaccionar.

Una vez adentro la puerta se cerró y una gran barricada fue puesta contra ella. Sethur se levantó y al verse rodeada levantó las manos.

“¿Quién eres?” Le preguntó el hombre que la jaló hacía adentro. “¿Qué haces aquí?”

“Me llamo Sethur Biomachina. Investigaba la desaparición de esta nave… no esperaba encontrar humanos todavía en ella.” Todos ellos eran hijos del vacío pero por sus ropas y marcas era obvio que sus ancestros no lo habían sido.

“¡Ha! Por supuesto no esperabas encontrar gente, después de casi un siglo de estar a la deriva.”

“Se equivoca, solo han pasado algunos meses desde la desaparición.”

“¡Eso es imposible! ¿Sabes cuantas generaciones esta nave ha visto nacer?”

“Es de esperarse, los viajes al inmaterio suelen tener efectos extraños.” Una vez que el hombre dio la señal algunas mujeres y jóvenes desarmados salieron de su escondite, al igual que un pequeño niño de pelo castaño claro que Sethur no había notado se había escondido muy cerca de ella. “En estos momentos estamos en órbita, necesito que me digan exactamente dónde está la cabina de mando para detener los saltos.”

“Me temo que eso es imposible, señora Biomachina.” Dijo una mujer. “Generaciones atrás esas creaturas atacaron la nave, poco a poco nos han esquinado. Cada cierto tiempo atacan y nos empujan a lugares más estrechos. En estos momentos solo tenemos el almacén de comida, la cocina y el almacén de tecnología. No hay manera que pueda llegar a la cabina sin que la vean.”

“De camino aquí no noté nada.”

“Eso es porque solo atacan cuando se sacude la nave.”

“Hmm… solo aparecen cuando hay algún salto… De ser xeno eso no sería factor… ¿Cómo son esas creaturas?”

“Son bestias de dientes afilados… Bueno al menos las que hemos visto, según las leyendas los primeros en llegar fueron creaturas en forma de mujer.” Explicó.

“¿Saben cómo es que llegaron? ¿Alguien las llamó?”

“No… según las leyendas estas murmuraron a los conquistadores y estos les permitieron la entrada.”

“¡Esas son tonterías, y los sabes!”

“¡Eso lo dices porque desciendes de ellos! ¡Si no fuera por tu gente esto no hubiese pasado!”
De pronto la nave comenzó a sacudirse, evidencia de que la nave daría un nuevo salto. De poco a poco más rugidos y rasguños comenzaban a escucharse detrás de la puerta. Las mujeres y los jóvenes retrocedieron mientras los hombres preparaban sus armas primitivas.
“No tiene otra opción, supongo que nos ayudará. ¿No es así?” Sethur asintió.

“¡Es inútil, es obvio que son demasiados, si nos empujan una vez más no va a haber suficiente espacio!” Gritó una chica desde la parte de atrás. Sethur frunció y suspiró.

“A la cuenta de tres quitan la barricada, voy a salir.”

“¡¿Está loca?!”

“¿A quién prefiere perder, a sus hombres o a una desconocida?” El hombre exhaló con fuerza y comenzó a quitar la barricada, Sethur tomó la manija de la puerta para salir lo más pronto posible. Una vez afuera miró a una decena de sabuesos de Khorne jadeando por su sed de sangre.

Rápidamente, ella disparó a uno dándole directamente en el hocico, los demás se abalanzaron contra ella, pero Sethur era rápida y en un movimiento estaba fuera de su alcance, trató de moverse adelante para que en todo caso pudiese alejarlos de los civiles. Al voltearse y disparar a un par más observó que solo se encontraban cinco en el suelo. Miró hacía arriba y notó que dos pares corrían por el techo encajando sus garras en el metal oxidado. Uno a uno se dejaron caer pero ella los evadió, más su arma fue arrancada de su mano. Rápidamente desenvainó su espada y decapitó al más cercano. Continuó su ataque contra los demás dejando a los otros tres próximos a ellas heridos. En instantes, los cinco restantes la habían alcanzado pero la nave se sacudió una vez más. Los sabuesos huyeron, gruñendo ya que su hambre no había sido saciada.

Ella recogió su bolter y volvió hacia dónde los sobrevivientes se encontraban, todo ese pasillo era color cromo y no había oxido más que en los techos pero ella no lo había notado antes. Tocó la puerta una vez más y notó que uno había logrado rasguñar su brazo izquierdo. La herida no era muy profunda pero si goteaba demasiado. La puerta se abrió con cautela.

“Ya se fueron. Espero que tengan vendas porque uno…” Detrás de la puerta se encontraba un jovenzuelo que ella no reconoció entre la gente que la había interrogado. Al asomarse adentro notó que ya ninguno de los civiles con los que había hablado se encontraba adentro, solo quedaban menos de diez personas.

“Señora Biomachina, sigue viva.” Dijo el chico. “Después de tantos años de lucha contra esas fieras vuelve a nosotros.”

“¿Qué? ¿El tiempo pasó para ustedes? Pero… ¿cómo, si yo no fui afectada…?” En ese instante Biomachina notó que todo el tiempo ella pisó en hierro que no estaba oxidado, mientras que ellos se encontraban en un lugar mucho más avejentado. Tal vez este era el motivo.

“Tiene razón, usted no ha cambiado nada, es justo cómo la recuerdo.” Sethur sacudió la cabeza al tratar de entender cómo es que el inmaterio había funcionado de esa manera, pero no tuvo mucho éxito.

“En todo caso es mejor que continúe.” Miró a los civiles. “Es mejor que esta vez me acompañen, antes que el tiempo vuelva a saltar.”

“Lo siento, señora, dijo una de ellos. Pero nosotros nos quedamos aquí.”

“De acuerdo.” Sethur no se iba a molestar en convencerlos.

“Espere, yo voy con usted.” Dijo el chico de pelo castaño.

“No niño, es mejor que te quedes aquí con tu gente.”

“Adrien, señora, soy Adrien, y yo tengo una idea de dónde está la cabina. Si quiere encontrarla pronto para acabar con esto es mejor que vaya con usted y apresurar el paso.”

“Si se repite el salto podrías no volver a verlos.” Ella se cruzó de brazos.

“Tendré que arriesgarme.” Salió el chico después que una de las jóvenes le hubiese dado un pedazo de tela para cubrir la herida de la acólita. Sethur asentó y le dio su bolter a Adrien.
“Funciona casi igual que sus armas, pero es más poderosa, cuidado con el impacto.”

“Si señora.” Ambos comenzaron a dirigirse con rapidez a la parte frontal de la nave. El chico parecía recitar constantemente las direcciones que debían tomar. “Mi padre me dijo que memorizara el camino por si usted algún día volvía.” Sethur volteó a verlo con algo de incomodidad por la rareza del evento.

“Menos mal que alguien se tomó la molestia.”

“¿Y cómo es afuera?” Preguntó el chico de dieciséis años.

“Considerando que no han pasado más de tres meses afuera, seguramente igual que tus antepasados les habrán comentado.”

“Espero poder acostumbrarme a esa nueva vida.”

“Vaya que eres optimista, Adrien. Estando en tu lugar ya me habría dado por muerta.” Sonrió.

“No te preocupes, tú y tus compañeros se acostumbrarán una vez que…” Ella se detuvo al sentir una presencia extraña, en lugar de seguir al chico ella tomó la derecha y entró a un cuarto cercano. “Maldita sea…” En el suelo, el techo y las paredes se encontraban símbolos caóticos seguramente creados para permitir el paso a un demonio mayor.

“¿Qué es eso?” La acólita estudió cada uno de ellos, se notaba que uno por uno fueron marcados poco a poco y en diferentes tiempos ya que las marcas no eran constantes.

“Esto no puede ser bueno.” Notó que la última marca estaba a punto de ser terminada, probablemente uno o dos saltos más la terminarían, pero no podía arriesgarse. “Hay que movernos, te explicaré más tarde.”
En unos minutos llegaron a la cabina y Sethur trató de conectarse a la nave y aunque era posible navegarla fue inútil evitar los saltos de esta manera, tampoco la tableta logró su objetivo. Intentó apagar los sistemas manualmente pero probablemente un corto había vuelto inútil el uso de dicho protocolo. Solo quedaba desmantelar la maquinaria que permitía los saltos al inmaterio pero eso tomaría horas, con las cuales seguramente no contaba al menos no sin ayuda.

“Vuelve a su escondite y trae a los demás, voy necesitar ayuda aquí…” La nave volvió a estremecerse, Sethur notó que Adrien se encontraba en un pedazo oxidado y lo jaló hacía sí.

“¡Maldita sea! No voy a dejar que crucen…” Biomachina se abalanzó a los controles, se conectó prontamente a la nave y arrancó los motores.

“¡¿Qué está haciendo?!”

“¡Tomate fuerte de algo, voy a chocar esta cosa!”

“¡¿Qué?! ¡Nos matará!”

“¡Espero hacerlo antes que ellos vengan!” Destellos del inmaterio se veían por las escotillas, el alma de Adrien se estremeció al ver imágenes horribles las cuales su imaginación jamás hubiesen podido crear. Se tomó del asiento donde Sethur trataba con toda su voluntad colisionar la nave antes de quedar atrapados en el inmaterio por valioso segundos que podrían ser utilizados para terminar las marcas.

Terribles gruñidos comenzaban a escucharse y rasguños se acercaban a gran velocidad. “No harán temblar mi voluntad…” Murmuró Sethur cerrando los ojos con fuerza tratando de concentrarse, largas gotas de sudor corrían su frente y su respiración se aceleraba. El calor comenzaba a subir, ella lo podía sentir dándole alivio al reconocer que la nave había cruzado la atmosfera del planeta. “Ninguno más ha de caer…” El joven abrió los ojos y miró un gigantesco pico, por primera vez observó las rocas, las plantas, las nubes y sintió una tremenda paz después de haber visto solo una pisca de los horrores que el inmaterio tiene guardado. “Si no salgo de esta… por favor dile que lo lamento…” Ella susurró. Los sabuesos de Khorne atravesaron la puerta de la cabina y corrieron hacía ellos. Adrien los volteó a ver horrorizado, pero Sethur mantuvo sus ojos cerrados hasta segundos del impacto cuando un último destello hubiese acabado y un montón de rocas afiladas se veían venir a toda velocidad.

El impacto fue devastador, Sethur trató de abrir los ojos mecánicos pero no pudo, no habían soportado el impacto. Trató de moverse, para asegurarse que no había perdido ninguna extremidad, pero notó que se había roto varias costillas y su frente sangraba.

“¡Adrien! ¡Alguien!” Gritó al chico y sus compañeros esperando que siguiesen con vida. A lo lejos se le escuchó toser y ella caminó a tientas hacía el lugar. “¡Habla Adrien, no te veo!”

“Señora…” Sethur se agachó y comenzó a quitar los pedazos de metal torcido debajo de ella, después de unos momentos sintió la carne del brazo del joven y se apresuró más. “No puedo creer que sobrevivimos.” Salió de su prisión de hierro, feliz de que solo tenía algunos rasguños y moretones. De pronto se quedó sin habla al notar el rostro sin mirada de la acólita. Sethur arrancó el pedazo de tela en su brazo y lo amarró a su cara para esconder la terrible escena del chico, el cuál seguramente estaba batallando para evitar devolver.

“¿Qué ves a tu alrededor?”

“Hay… cosas verdes… altas, casi llegan a lo más alto y azul… y hay un camino bajando.”

“Bien…” Ella tomó una de las varillas y la apoyó en el suelo. “Seguramente nos guiará a la mina o a la colonia de ahí pediré ayuda.” Se tomó del hombro del chico, resintiendo el dolor en el costado. Juntos comenzaron a moverse cuesta abajo. Después de largas horas de tortura física llegaron a la colonia.

Prontamente pidió enviar un mensaje a La Espada del Emperador, pero este tardaría mucho en ser recibido. Sethur insistió en recuperar lo que hubiese quedado de la Spes Catafracta y volvió junto con Adrien y algunos mineros voluntarios a la zona de impacto después de algunos días. Cómo era de esperarse, los 68 días en los que esperó a los acólitos de Bremmeck, los pasó a oscuras a falta de un tecnosacerdote próximo al planeta.

Los cuerpos de los demás tripulantes no fueron hallados, Sethur y Adrien pidieron porque su muerte hubiese sido por causas naturales y no por los sabuesos o algo por. Las marcas en la nave estaban descompuestas en cientos de pedazos, aun así Sethur pidió que los pedazos fuesen fundidos por separado para borrar su remanente.

En el tiempo que estuvieron en el planeta, el responsable de la mina le tomó aprecio a Adrien y gracias a él fue que el chico sació toda su curiosidad sobre el exterior y la vida en la galaxia. Después de tanta espera, Sethur fue recogida por la misma Cadre de Bremmeck. Adrien pidió acompañarla, y ella aceptó después de tanta insistencia.

“Y yo creí que mi prueba había resultado desastrosa.” Dijo Bremmeck al entrar al cuarto en el que Sethur esperaba por su operación.

“Técnicamente no perdí nada que no hubiese perdido antes.” Sethur se levantó de la camilla. “¿Leyó el reporte?”

“Si lo hice…”

“¿Qué hay del chico?” Ella interrumpió.

“Bueno… ciertamente ha visto mucho… cosas que uno esperaría que no hubiese tenido que ver.”

“Por favor, Inquisidor Bremmeck, es un buen muchacho y me ayudó mucho durante y después de la misión. Seguramente podrá templarlo en un buen acólito.”

“Ciertamente, ya hablé con él y creo que en verdad tiene potencial, con la educación necesaria. Después de todo, ni siquiera sabe leer.” Bremmeck la guió para que tomara asiento en la camilla. “Pero eso no es de relevancia por el momento. Lo que importa ahora es comentar tu prueba.”

“Lo sé. No pude traer la nave de regreso… pero no me iba arriesgar Inquisidor.”

“Eso se entiende, de haber sido tu no hubiese actuado diferente, Interrogadora Biomachina.”

“¿Quiere decir que…?”

“Así es, Lancaster manda felicitaciones, lo hubiese hecho personalmente pero lo he enviado a una misión importante.” El hombre suspiró. “Este es solo un paso más en tu carrera Biomachina, sé que tu y Lancaster un día se convertirán en grandes Inquisidores, solo recuerda nunca olvidar tu fe y devoción.”

“Lo juro, Inquisidor, me mantendré fiel al Emperador. En su nombre permaneceré fuerte. Nunca he de caer.”

*

Después de algunos aplausos, los demás Inquisidores comenzaron a retirarse, mientras que Adrien y Lancaster se acercaban para felicitarla. Ella miró hacía arriba y observó como detenidamente Bremmeck bajaba de los palcos. Poco a poco se fue acercando y con cada paso, Sethur escuchaba un alteo en su cabeza. Un terrible odio emanaba de la mirada del Inquisidor, mientras una terrible ansía crecía en Sethur quién comenzó a fruncir el ceño una vez que Bremmeck se encontraba a unos pasos.

“Felicidades, Biomachina…” Un estruendoso trinar fue escuchado en su mente. “…esto es justo lo que la fe al Emperador da como recompensa. ¿O me equivoco?” Sonrió con desprecio.

La Divina Misericordia (Prólogo I)

Dark Heresy: El camino a la Ascensión Jez